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Gianfranco Guredi

Versión 5.0

Bilbao – Segundo – Desconocidos

Siguiendo con las fotos, estas completan las del otro día. Si bien en el otro post, las fotos eran de la gente del concierto, las de este post, muestran el lado contrario, la gente y los alrededores.

Si alguien se reconoce y no quiere ser visto, como digo siempre, toque y borro.

Sin más.

Paseándome por el centro. Tres

Otro de esos paseos de domingo por la mañana. Este fue especialmente largo, desde el palacio de festivales hasta el barrio pesquero. Alguna de estas fotos está entre mis favoritas.

Pasear y mirar es algo necesario. Mirar, mucho. Quizá estar escuchando historia, o música, los ruidos en la ciudad son especialmente horribles, y deseable mitigarlos. Sin embargo, esta llena de detalles. Seres humanos somos, nos fijamos en cosas humanas.

Debería profundizar más en el alma humana. Pero es algo que no siempre se me muestra cercano. Sé que la culpa es mía, cuesta acercarse, hablar, crear un posible conflicto. Sin embargo, debo ir por ahí si quiero crecer.

Centro de Santander – Primero

Bueno, como ya dije ayer, me fui a dar un paseo mientras Ana Karenina dormitaba y maquinaba como conquistar el mundo. Probando el Helios. Esta es la primera de dos, pero dejo abierta la serie por si sigo dándole por la zona.

Blaqui

En su momento, cuando murió Asi, le hice un pequeño homenaje. Ahora toca a Blaqui, porque esta mañana, se ha muerto.

Blaqui nació un 17 de enero de 1999, hace ya quince años. Era la segunda camada de Trinka, junto a un perro desconocido. Es medio hermano, por tanto, de Asi. Nos le quedamos en Maliaño, en el piso donde estábamos. Recuerdo que mi hermano insistió mucho, para luego no querer sacarle nunca. Así que básicamente me tocó. Que proteste y lo niegue, pero así es.

De joven tuvo problemas en la piel, le dieron un año cortisona, y mi madre siempre le daba demasiado de comer. Por eso siempre estuvo taaaan gordo. Pesaba más del doble que su hermana, llegando a veces a catorce quilos. También pensábamos que estando taaaan gordo, moriría antes. Cuando digo antes, digo a los ocho o diez años. Pero contra todo pronóstico duró hasta casi ahora. Era un superviviente nato, ante todos los achaques de la edad en sus últimos tiempos.

Era francamente inteligente. Es uno de los perros más listos que he tenido nunca. Sabía como pedir, como actuar, cuando llorar para conseguir algo. Escondía la comida y venía a por más, y luego se comía todo. Le llamaba cilíndrico (porque lo era), y a veces le empujaba con el pie y daba una vuelta por el suelo, hasta que se hartó de mi y dejó de prestarse a ello. Dormía mucho, siempre de formas bastante inverosímiles.

Os dejo unas fotos de él. Un poco las que mejor se le ve. Una pena. Pero una gran vidorra.

Cuando estuve malo en casa, cuando pasaba todo aquel tiempo, Blaqui estaba ahí. Cuando quería salir de casa, sobretodo en los primeros tiempos, él me acompañaba. Siempre me reí de él, pero siempre le he tenido mucho cariño. Según ha pasado un día más, y lo he pensado mejor, más le echo de menos.