La edad.

Hace no mucho descubrí que Platón dijo que el tiempo es la imagen móvil de la eternidad. Es de presumir que toda nuestra eternidad es nuestra vida. Antes y después da igual que hubiera o hubiere. Total, no lo vivimos. Al menos, no soy consciente de ello.

Por suerte tengo una ligera idea de la existencia de los demás y pienso que si yo no anduviera por aquí, los demás seguirían. Gracias a eso pienso que todo va un poco más allá. Y posiblemente hubiera o hubiere algo antes y después.

Mirando más allá, hay cosas alrededor de donde toda esa gente, y mi persona, se mueve, corre, vive y esas cosas. Lo que son rocas, agua, aire, seres varios, árboles, microbios, un poco de todo. Una interfaz con la que mi consciencia se comunica con otras consciencias a través de interpretaciones físicas de las ideas. Toma más Platón, nombre que hace honor a su frente, físicamente.

Supongo que esa interfaz es algo increíble per se. Tanto que a veces nos hace pensar que está mucho más allá de nosotros. Más allá de nuestro alcance y percepción. Tanto que nos hace sentir pequeños ante cualquier muestra mínimamente grandiosa a nuestro ojos. Así, nos sentimos apabullados ante eso que llamamos naturaleza, y yo ahora ando llamando interfaz. Como en este caso.

Arnía

Somos ese pequeño ser de la foto. Poco más. Y algo más grande, tuvo que crearlo todo.

Quizá sea sano valorarnos un poco más de lo que hacemos. Ser demiurgos.

Por supuesto, esto son pensamientos sueltos, y no son verdad. Ni tienen sentido.

Atardeceres

Voy a hacer trampa. En mi idea de dar salida a las doscientas y pico fotos que tengo pendientes de publicar, voy a ir seleccionando, reduciendo la lista, y empezando por lo sencillo. 

Y lo sencillo, lo que todos empezamos a hacer cuando tenemos la cámara nueva, es ir a hacer la foto a un atardecer. A un amanecer es más complicado, es difícil madrugar. Sin mucho más, comentemos. 

Mirad el mar. 

Ese día me fui a Loredo, o por ahí. Realmente no sé como se llama la playa. Está Santander al fondo, que evidentemente no se ve. Pura bruma, la tierra dicen que es plana. 

A mi derecha había una pareja viendo lo mismo que yo. Tengo su foto, para otro día. A la izquierda, unos jubilados. Y unos recién casados de postboda. Pobre vestido, acabó en el agua. Sacrifican mucho por un día así. Ponen tanta ilusión en ello que invariablemente les satisface. Sublima de tal forma que queda grabado a fuego en su memoria, incluso mejor que como fue realmente. Pero da igual, porque cumple su función de punto de inflexión vital. De símbolo de futuro y de unión. Las tradiciones no dejan de ser necesarias, en cierto modo. 

El mar, necesario, refleja el sol. Ni una nube. Es verano, y es muy tarde, sobre las diez. Un clásico imperecedero. 

El Sol

Esta imagen fue buscada. Desde el pico del dobra, sólo hay dos fechas al año, que además coinciden con los equinoccios, en los que el sol se pone exactamente sobre ese pico. En verano, es sol cae al mar. En invierno, sobre los picos de Europa. Es la Pica Peñamellera, 765m de altitud, entre el pueblo de Bores, y el de Mier. A 52,6km en línea recta desde el Dobra. 

Intento subir los equinoccios que hace bueno en busca de un atardecer así. El año pasado lo conseguí. Había muchas nubes, pero tuve la suerte de que se abriese en el momento exacto de la puesta. Así el sol se abre paso entre el resto de montañas altaneras, para mostrar justo la silueta, de la Pica Peñamellera. 

Nubes

Esta es diferente. Como digo, son sólo eso, nubes. Me recuerdan a Turner. Por eso la muestro. Porque tiene cierto aire de magnificencia natural, básico, sencillo, y épico a la vez. Manchas que dejan escapar algún color del interior de la espiral. 

Y nada más. 

Mar picado

Las olas, levantan su mano, para saludar.

 

Recuerdo

O más bien, quiero hacer recordar, que en los tiempos de sol y mar, no hace mucho, llovía.

Paraguas

Aquel día, me levanté tarde, con la cabeza gritándome al oído. Subí a un punto alto de la ciudad, y vi a la gente pequeña abajo. Entonces, decidí conducir lejos, bastante lejos. Llegué mucho después, aparqué, me dirigí a una extraña casa, en un pintoresco barrio. Me duché, me aseé.

Era tarde ya, pero eché a andar. Llevé un paraguas, las nubes, amenazaban. Atravesé un par de parques. Saqué una foto, a través de una parada. Supongo que camino a su casa, después de trabajar. Igual es mucho suponer.

Seguí andando, entre multitudes. Cada vez más dinero, más gente, más soledad, más cámaras, más bares, más narcotraficantes, y policías parados en cada esquina. Aún amenazaba lluvia, pero como amenaza quien va de farol. Mal jugador de póker. Creía estar llegando a un sitio importante, uno de esos lugares claves. Llegué a una plaza, con mar al fondo. Creo que acerté.

Todo estaba en obras. A medio hacer. Pero no era nuevo, sólo se caía y lo recolocaban. Decidí ir a la izquierda tras rechazar tentaciones en lugares ajenos. Y tocar el mar, aunque sea el mismo de siempre. Los mares siempre se parecen. El adoquín no me abandonaba, y al llegar a una pared, con un agujero, me asomé. Aún sin entender que sentido tiene la reja, cuando a ambos lados, tan sólo hay plaza.

Más allá, un parque. Por un lado, jóvenes dando saltos, alardeando, con palos, moviéndose, capoeria o algo así. Por otro, la antítesis de la salud hecha persona, mirándoles. Al fondo, gente mirando lo que yo ya había visto en los agujeros. Me resguardé tras una columna, di varios pasos atrás, y los dividí en dos. Al fin y al cabo, son diferentes. Y yo sólo pasaba por allí.

Seguí andando. Mi tobillo dolía ya, y poco a poco oscurecía, aunque aún no del todo. Avancé por barrios complicados, oscuros. Tristes, esto no lo prometen los folletos de turismo. Al fin y al cabo, así es el país, la gente, las ciudades. Hasta que no se ven esos lugares, no se conocen de verdad. Yo escogí verlo, y lo encontré. Hay que buscarle la cara oculta, detrás de la rica fachada. Calles sin gente en la calle.

Y yendo por zonas así, anocheciendo sin color, me encontré un edificio enorme. Gris claro, no sucio. Cerrado. Sin nadie, ni un alma. Llegué por la que era la parte de atrás. Le di la vuelta, hasta llegar a unas escaleras. Alguien venía de frente, me sonrió. No había absolutamente nadie más en aquella plaza, en ningún lugar a mi vista, ni en las casas y los coches. Nadie más. Bajé un poco más, ella subió las escaleras. Hice dos fotos, esta es una. Me vio hacerlas, volvió a sonreír, y se fue. Y me quedé totalmente solo. Al fin, miré el edificio. Era grandioso. Pero frío. Un panteón.

Me di la vuelta, vi un callejón. De nuevo a la realidad, se vende.

Se hizo de noche.

Se hizo de noche, y todo cambió. Empezó a gotear el cielo, sin llegar a llover, sólo a mojar. El paraguas, aún dudaba si iba a ser usado o no. Pero se volvía todo más bello por momentos. Las luces, los reflejos, las calles. Me decidí a subir, y subí, mucho. Pero en una, miré abajo. La gente es más vaga que yo, pensé. Pobre gente…

Entré en una zona extraña mientras subía. Ya me adelanté en los colores de la noche.Pero no sólo colores, también ruina. Un hombre sacando a su perro. La noche aún con un toque de luz en el cielo. El adoquín roto. Un árbol retorcido. De camino al castillo. Yo atravesando aquello, y realmente, disfrutándolo. Me gusta la oscuridad, en la noche. Sin gente, entre casas. Es parecido a estar en la montaña, una noche estrellada, con el viento y la lluvia contra tu cara. Pero con la ironía, de estar rodeado de humanidad sin gente.

Llegué al castillo. Llamé, pero nadie me contestó desde las almenas, y no pude entrar. Porque aún no sé volar. Aunque sea cuestión de tiempo… Entonces, lloviendo más, entré por una puerta. Me senté en un sofá, y deslicé el pilot por el papel de mi cuaderno. Sonaba esto de fondo.

En los mesas, había velas y cachimbas, y algún hipster de esos. Por suerte, sólo uno. Para prueba un botón.

Dos horas después, salí de allí.

Ya los párpados no aguantaban más. La lluvia alegró a mi paraguas, que al fin se sintió útil. Ahora bajaba, por calles como las anteriores. Sin gente, prácticamente. Y ya sin esperarme encontrar más, aparqué a un lado mi paraguas porque vi otro sobre mí. Una pareja contaba las gotas que caían del cielo bajo la luz de una farola. Seguro, que porque no querían moverse de allí. Del uno o del otro. Les miré un rato, antes de irme.

 

Y me fui, a dormir, pensando en un día más. Dormí bien al fin.

Pescador

Hace buen día.

Cojo mis aparejos, preparo mi barca,
la empujo por la rampa y suelto las amarras.

Enciendo el motor.
Me dejo mecer,
y me adentro entre las olas.

Nada hay, pero me siento acompañado.
Una gaviota, en el cielo,
un faro, a lo lejos.
Mi mirada, entre las nubes,
mi mente, ya no sufre.

Saco mi caña, con suerte
mi cesto lleno al día siguiente.
Envidia en el bar,
caras incrédulas al ver mi cosecha,
de peces y piezas.

Pasan las horas,
crecen las olas,
el mar amenaza,
y yo levo anclas.

Me vuelvo hacia el puerto.

Giro el timón,
veo a la orilla.
Me mira una cámara.

Y tras ella,
una sombra,
de triste mirada.

El viejo y el mar.

Pensativo, mirando al paisaje.

Furia

Furia desatada, sin límites, que en días apacibles se rebela tras la máscara de tranquilidad de mi cara.

El perro y el mar.

Amarrado sin piedad ni pena
al suelo de yerba verde y roca.

Aullando al mar, quien le contesta,
con un bramido de sus olas.

Un transeúnte a quien le pesan,
los pies dentro de sus botas.

¡Que el sol queme tus cadenas
y libre ladres y corras!

Acantilado

Con el inestimable protagonismo de Haller Chinaski.

Por las ganas de lanzarse a volar desde un acantilado.

Galicia 2015 – Paisajes

Combarro y Cambados y la costa en general. Tras esto, alcanzo los dos tercios de las fotos de la serie. Igual un poco más.

Galicia 2015 – La Coruña – Tercero

Toca el mar. El puerto y el mar.

Galicia 2015 – Playa de las Catedrales

Un día, decidí con Ana Karenina, que sería interesante volver a Galicia.

Así que llevamos a cabo la idea, y de camino, con una recomendación de un ser no definible, paramos en la playa de las catedrales.

Y así, hoy doy comienzo a una serie muy larga, mucho, sobre uno de los viajes que nunca olvidaré. Ni siquiera mi terrible memoria para los hechos y personas podrá con ello.

Este es el inicio de una de las series que más he disfrutado.

Paseo por la Maruca – Tercero

Lleno de fotos, tras el primero y el segundoseguí andando hasta el atardecer.

Maruca y paseo

En un día que comimos arroz con bogavante, también, dimos un paseo para bajar la comida.

Ana Karenina, Haller Chinaski y servidor.

Aunque yo solo salgo en una de refilón.

Oriñón

Después de la ruta por Guriezo, el sol se ponía en el horizonte. gente que iba y venía.

Estas me gustan, mucho.

La Virgen del Mar y el Faro – Segundo

Una segunda tirada de estas fotos, estas de la zona más de la Virgen del Mar. Lo mismo que con la primera ocasión publicada hace dos días, en blanco y negro, jpg.

 

La Virgen del Mar y el Faro – Primero

Y otra nueva, también paisajes, también Santander. He de decir que estas no son como las de los cachorros, por ejemplo, en el sentido de que tienen un retoque mínimo. La original era verdaderamente similar.

Y nada más, otra zona de Santander. En este primero, sobre el parque ese que está yendo andando para el faro, en Mataleñas, que ni pajolera idea de como se llama. Las fotos están en blanco y negro, esta vez por obligación. Últimamente las saco en blanco y negro por fijarme más en la composición, y después, ya con el raw, la veo en color en el pc, pero esta vez la cámara, o yo, nos volvimos idiotas, y las saque en jpg.

La Magdalena 2015 – Segundo

Nueva entrega sobre la Magdalena. Con Ana Karenina de modelo improvisada.

En un tiempo imagino que no haya más. Me dejo muchas en el tintero, pero ya que puedo escoger…

 

 

Sardinero 2015 – Segundo de cuatro

Continuando con  la serie, aquí va la segunda tanda de fotos. Encima, hoy no es un día normal.