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Burgos. Segunda parte

Voy a empezar y acabar con la misma foto, casi. Dos versiones de la misma. Y lo hago porque sin gustarme demasiado, tampoco sé decidirme. Considero ambas buenas, sin mucho más. 

La primera versión. 

Un viejo va con su perro, un hombre viene. El hombre lleva a un perro, amarrado, al que ignora. El otro va a sus cosas, mirando un no se sabe qué. Aquí hay contraposición entre ambas figuras. Luego contaré cosas en la otra. 

Trabajador.

Así como a veces hay que forzar la imagen para resaltar algo extraordinario, otras hay que dejar lo ordinario tal y como está para que resalte sobre lo demás. 

Sombras.

Siempre hay sombras a contraluz. Con el suelo mojado. Dos personas juntas paseando. 

Catedral.

Frente a la catedral, charlando sin más, mejor que se intuya de fondo, que quienes importan andan al frente. 

Más catedral.

Igual que aquí. 

Y más. 

Y aquí. En las tres, se le da la espalda. A la catedral. Es mobiliario urbano. Es algo que está ahí, perfectamente ignorable desde el 
20 de julio de 1221, cuando se puso la primera piedra. No para todo el mundo, claro está. Peregrinos, políticos, aristócratas, viajeros y amantes de las gárgolas y las vidrieras se fijan en ella. La gente de allí no. Es parte del paisaje. Y como tal, ignorable. 

Café latino

Estatua a la gente de allí, que ignora el paisaje, estando a sus cosas y pasando el rato. Que curiosamente, acaban formando parte de él. Ni una mirada del fumador. 

La Foto

Alguna turista pequeña sí mira. 

Hombre y perro

Volviendo al principio. El viejo va con su perro, pero son uno. En color, porque ha de resaltar su negro. Yéndose de la foto. Sin levantar la cabeza, como en la otra foto.  Levantarla, para qué. Si no hay paisaje que mirar, cuando no se necesita mirar. 

Un transeúnte sin más. 

En la cruz

Andando cabizbajos, repensando, a oscuras entre enormes muros y pilares, los cristianos, subyugados de tanta magnificiencia, elevan la mirada, y ven la cara de su cristo crucificado. Sólo su cara, con luz. Sufre, en paz.

Paseándome por el centro. Ocho.

Hoy subo muchas más fotos.

Siempre he querido plasmar los recuerdos. Las fotografías son retazos de mi propia memoria. De esta memoria que perdí, por el camino de la vida. Dado que me pierdo tanto. Y no puedo evitarlo.
Mis recuerdos suelen ser imágenes sueltas, momentos fugaces. Y como todo recuerdo, busco quedarme con algo que me haga girar la cabeza al pasar.

Pero no es sólo eso. Hay un motivo estético. Artístico incluso. Intento crear algo con ellas. A cada una, intento darle un punto de vista más allá. Algo propio.

Sin embargo, este segundo punto es tramposo, porque en él, también existe la pura vanidad. Porque el realizar algo bello, manifiestamente bello, no se hace sólo para uno mismo. Siempre se piensa que se puede mostrar.

Aún me queda un enorme camino, desde el ver las cosas hasta plasmarlas como puedo. Pero de momento, yo intento seguir con esto.

Lo dicho, hoy más fotos, de una serie del centro de Santander, que ya lleva ocho entregas.

Concierto en la Catedral

Estuvimos en un concierto en Santander, en la catedral. Y dentro de todo lo oscuro que había, hice alguna cosa, aunque también quedó oscura.

Al fin y al cabo las imágenes son luz y falta de luz. Y la falta es tan importante como la abundancia.

Centro de Santander – Cuarto – Catedral