Desde Cimas

Desde Castro Valnera, hace un tiempo.

Negra. Negra es la tierra.
Blanca. Blanca es la carretera.
Un anisakis que parasita la tierra.

Ya no me prodigo tanto en las alturas como antaño. La gravedad y los tendones maltrechos se alían contra mi voluntad de aumentar mi energía potencial. Toma. O quizá la voluntad no es suficiente como para compensar el propio paso del tiempo. Piano piano, que hay mucho que hacer.

Piano piano. Tanto despacio. No da ese tiempo.

Dicho esto, me gusta estar arriba. El aire no es más puro. En realidad es más escaso. Es simplemente que el aire golpea en la cara, da bofetadas. No es que se vea más lejos, es que no hay paredes. Igual hay niebla, o se ha hecho de noche, da lo mismo. Es la certeza de que no hay nada alrededor que genere claustrofobia. Al menos, fuera de nuestra piel. Es saber que subir hasta ahí ha costado esfuerzo. No sirve de nada, de forma racional. Pero vale tanto o más que lo que hayas invertido en ello. Y cuanto más inviertes más vale el momento. Por eso subo.

Monte Dobra. Paisajes.

Mientras los árboles no dejen ver el bosque, al subir sobre ellos se llega a ver todo. Así desde el pico, y mirando alrededor, se ven cosas de todos los colores. Y tiempos. 

Primavera, Los Corrales. 

Frente al Dobra, perteneciendo al mismo macizo, está ese otro pico, que no tiene nombre (al menos que yo sepa). Aunque la zona tiene el nombre de Sierra de los Hombres. Al fondo, se ve los Corrales de Buelna. Y la cantera que está a la derecha, de Solvay, la he obviado aposta. No es bonita. Dejémoslo ahí. 

Pateando esa zona, normalmente en invierno, cuando los escajos disminuyen de volumen, me encontré una vez un lobo. Azucé a Trinca contra él, pero huyó cobardemente ante tal amenaza. 

Oeste
Oeste, pero al atardecer. 

Hacia la puesta de sol se ven los picos y se intuye el mar. Eso que se ve es Ibio, ahí en primer plano. Y en la parte lejana, se ven los picos, en su parte costera. Ahí atrás ya puse un atardecer en esa zona.

Ibio
Ibio, pero más cerca. 

Aquí el monte Ibio con los picos de fondo, pero en pleno invierno. La nieve no es blanca, sino gris, como las nubes. O como todo, blanco y negro no existe. 

Y una misma cosa, tiene distintas facetas. 

Mirando al otro lado, hacia el lugar donde sale el sol, en otro momento, se ve esto. 

Castro Valnera y alrededores

De nuevo con nieve, son los picos de la zona de los valles pasiegos. El monte de la derecha de la foto, el más alto, es Castro Valnera. Una vez lo subí, quizá suba alguna foto. 

El sol sale por ahí, pero me cuesta madrugar. 

Volvamos a los puros atardeceres. 

Sobre los picos. 

Trampa, ¿no? La siguiente también, pero da igual. El sol sobre las nubes, sobre los picos, en pleno invierno. Porque en verano, el sol cae sobre el mar. Es caprichoso. 

Rojo

A tus atardeceres rojos, 
se acostumbraron mis ojos,
como el recodo al camino
.

No entiendo muy bien como desde la costa de levante veía los atardeceres Serrat, con el sol cayendo sobre las montañas. Aquí, aplica. Esta es de hace poco. No hay muchas oportunidades al año, tres o cuatro, a lo sumo. Nubes altas, horizonte limpio, diez minutos después de la puesta de sol, este alumbra la parte baja de las nubes, y yo la veo. Teoría del Solsobre el horizonte. Aplica a amaneceres, también. 

Dobra

Y la silueta del pico al que he hecho mil fotos ya, muchas repetidas, y muchas que vendrán. 

Monte Dobra – Más y más.

Llevaba un tiempo sin subir una galería grande. Pero hoy me apetecía. Por eso subo estas diez fotos del Dobra. Después de bastante tiempo sin coger la cámara, y cuasi obligándome a ello.