Sin fiebre aún deliro
de una manera sutil,
eso sí.

La razón vuelve a su hogar
que encuentra destrozado de la batalla campal.
Botellas rotas, ceniza
artefactos pegajosos, mierda sobre la mesa
de la cocina.

Comida podrida.
Todo de color marrón,
olor a vertedero,
penetrante, nauseabundo, dulzón.

Busca la fregona, la pobre razón,
¿cómo diablos,
va a funcionar, si no?

En el sofá está mi energía
aplastada bajo quilos de inmundicia.

Qué batalla,
qué resaca sin alcohol.

La razón es sabia,
tiene razón,
Así que piensa, para sí misma.
“Batalla perdida.
Cerrojo en la puerta, a dormir a un hotel
Yo no vuelvo. Que me den por huida.
Que se encargue Voluntad,
de sanar las heridas.”

Así se fue, no sin antes
recoger de un estante
su paleta de color
de lo poco que salvó.

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