Primero. 

Luchando contra uno mismo, nos encontramos contra los muros de nuestros deseos incumplidos, esculpidos en relieve en la piel de la piedra.
Destrozamos los nudillos, en una lucha perdida, contra un objeto inanimado. 

Segundo. 

Llorando por el alma perdida, en el muro de las lamentaciones, tan sólo quedan plasmadas las lágrimas de la sangre vertidas. 

Tercero. 

Infinito tiempo condenado en esta celda imposible. Maldita la luz que me atraviesa y hace que todo sea oscuridad. 

Cuarto. 

Nada importa, cansada, hasta la extenuación. 

 

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