Huyo de la vorágine del tiempo
mientras de mis entrañas sale un grito ahogado,
silencioso: se pierde en las montañas
que le niegan un triste eco.

Lo mio es una partida perdida,
me rendí antes de empezar siquiera.
Ya estoy vencido, arruinado,
por mi pasado, presente cansado.

Sé que debo rugir y elevarme,
escuchar las palabras que me dicen que puedo
flotar sobre el mismo suelo
en que mis pies, ahora mismo,
clavan con plomo fundido
su voluntad, que es la mía.

Al final lo haré, lo sé.
Por negro que vea la luz.
Arrancaré de mi alma las cadenas
que el ánimo creó
para enjaularme a mi mismo
en una prisión de negación.

Pero… ¿serás tú quien me obligue a ello?
Maldito espejo.

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