Escribo agazapado, como un francotirador,
gritándote al oído, a cientos de kilómetros,
que el cielo se abre y la tierra tiembla,
cuando un clamor en mi cerebro,
recuerda tu voz, arrullando, meciendo
mi mente, al compás que marcan
tus caderas, asesinas de razón.

Ritmo constante, grácil, fuerte,
cadencia del corazón calmado,
que al acercarse acelera su pulso,
destroza las cuerdas que amarran al muelle,
mi sensatez, hundiéndose al fondo,
de tu mar de locura y
mi deseo remoto.

No soy nada, en tu pelo enredado,
un animal recién liberado,
que loco, queda a tu lado,
Mientras besa tus ojos de azul desatado,
color del abismo que al hundirme he llegado.

Pero me da igual.
Jugando tu cuerpo esa noche en verano,
disparo mi rifle,
te grito al oído,
que te quiero a mi lado.

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