Fui a Vitoria. Y estuvimos en la barra de un bar. Saqué la cámara.

Siempre me han gustado las barras de los bares. Son lugares sencillos. Alguien llega, pide algo, y seguido se lo ponen, a cambio de un dinero. La gente, a veces se va, otras se queda. Me suele interesar más la que se queda. En cierto modo, entablan un diálogo con el local. Se reclinan y miran a los demás. Hay una barra en medio, hay una referencia para no sentirse cojos, hay a dónde mirar, e incluso quizá, con quien hablar. El camarero, el de al lado, la de más allá, o consigo mismo.

Así están menos solos.

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