Categoría: Varias

De imágenes a través de las imágenes.

De tus ojos a la pantalla que tienes delante. De ahí, al sensor de mi cámara. De ahí, a la pantalla del móvil de la foto. De ahí, a la realidad, que está borrosa. Difusa.

Demasiados filtros que impiden verla tal y como es.

Y cada vez ponemos más.

Límites del saber

Si hay algo verdaderamente cierto, es que lo ignoro todo o casi todo. Y me da rabia, porque hubo un tiempo en el que una mente despierta podría haber adquirido todo el saber de la época. Pero ahora ya no es posible. Ya no hay más que pequeños sabios que lo saben todo sobre casi nada.”

Jean Dausset, tolosano Premio Nobel de Medicina en 1980.

Ayer comentábamos (increíble que me acuerde) sobre la ilusión o la idea de lograr algo en la vida por lo que ser recordado, y que no sea un atentado, sino algo productivo. Yo perdí esa idea allá por los dieciséis años, más o menos, cuando empecé a ser consciente de la cantidad de gente que había en el mundo y la cantidad de trabajo que requeriría.

Ahora reorganizando fotos y cosas, me he encontrado con esa frase. Recuerdo que me la encontré en las artes y las ciencias de Valencia, el edificio ese de Calatrava que extrañamente sigue en pie. Y hablaba exactamente de lo contrario. Recuerdo, que cuando la vi, para mí significó mucho también, tanto como cuando fui consciente de que no podría ser el mejor en algo. Y es que el no poder llegar a saberlo todo, a ser el perfecto humanista, también es algo que me inquieta. Y es que una vida no da, hay que seleccionar qué aprender antes de aprenderlo (lo cual es una especie de paradoja), y la visión de conjunto sin los detalles desmerece.

Pero ahí seguimos.

La luna y el avión. Y es que la técnica casi se estrella contra el cielo de los hombres.

La edad.

Hace no mucho descubrí que Platón dijo que el tiempo es la imagen móvil de la eternidad. Es de presumir que toda nuestra eternidad es nuestra vida. Antes y después da igual que hubiera o hubiere. Total, no lo vivimos. Al menos, no soy consciente de ello.

Por suerte tengo una ligera idea de la existencia de los demás y pienso que si yo no anduviera por aquí, los demás seguirían. Gracias a eso pienso que todo va un poco más allá. Y posiblemente hubiera o hubiere algo antes y después.

Mirando más allá, hay cosas alrededor de donde toda esa gente, y mi persona, se mueve, corre, vive y esas cosas. Lo que son rocas, agua, aire, seres varios, árboles, microbios, un poco de todo. Una interfaz con la que mi consciencia se comunica con otras consciencias a través de interpretaciones físicas de las ideas. Toma más Platón, nombre que hace honor a su frente, físicamente.

Supongo que esa interfaz es algo increíble per se. Tanto que a veces nos hace pensar que está mucho más allá de nosotros. Más allá de nuestro alcance y percepción. Tanto que nos hace sentir pequeños ante cualquier muestra mínimamente grandiosa a nuestro ojos. Así, nos sentimos apabullados ante eso que llamamos naturaleza, y yo ahora ando llamando interfaz. Como en este caso.

Arnía

Somos ese pequeño ser de la foto. Poco más. Y algo más grande, tuvo que crearlo todo.

Quizá sea sano valorarnos un poco más de lo que hacemos. Ser demiurgos.

Por supuesto, esto son pensamientos sueltos, y no son verdad. Ni tienen sentido.

Desde Cimas

Desde Castro Valnera, hace un tiempo.

Negra. Negra es la tierra.
Blanca. Blanca es la carretera.
Un anisakis que parasita la tierra.

Ya no me prodigo tanto en las alturas como antaño. La gravedad y los tendones maltrechos se alían contra mi voluntad de aumentar mi energía potencial. Toma. O quizá la voluntad no es suficiente como para compensar el propio paso del tiempo. Piano piano, que hay mucho que hacer.

Piano piano. Tanto despacio. No da ese tiempo.

Dicho esto, me gusta estar arriba. El aire no es más puro. En realidad es más escaso. Es simplemente que el aire golpea en la cara, da bofetadas. No es que se vea más lejos, es que no hay paredes. Igual hay niebla, o se ha hecho de noche, da lo mismo. Es la certeza de que no hay nada alrededor que genere claustrofobia. Al menos, fuera de nuestra piel. Es saber que subir hasta ahí ha costado esfuerzo. No sirve de nada, de forma racional. Pero vale tanto o más que lo que hayas invertido en ello. Y cuanto más inviertes más vale el momento. Por eso subo.

Venus y media Luna

Anduve buscando alguna foto con banderas y cosas así. Pero curiosamente, en los dos últimos años no he tenido ninguna. No soy muy de banderas. 

La foto no es gran cosa. Tiene mucho ruido y está sacada demasiado oscura, la tuve que aclarar, y le quité el color porque no se mostraba nada bien. 

Me gusta la gente, me gusta sentada y de pié. Hablando unos con otros. Con el móvil en las manos, o señalando a unos y otros. con cervezas, bebiendo. De noche. Muy tarde, antes de un concierto. Aunque ahí ya es cuestión de imaginar, son cosas que no salen en ella. 

Gente

Por cierto, sin nubes, había estrellas. No muchas, al fin y al cabo hay una seta de polución lumínica sobre Santander. Hay dos luces principales. Media Luna y Venus.

Y con eso nada más. 

Pensaba hablar del sinsentido social que veo últimamente, pero siento que esa es una reflexión demasiado larga ahora que ando prácticamente de vacaciones. Como avance, recordad, odiar es malo. Y ruin. 

Burgos. Primera parte.

Dediquémosle un capítulo especial a Burgos. Hace bastante tiempo que hice estas fotos, casi dos años. Mucho tiempo. Pensando en seguir la serie de gentes con otra ciudad más, y con una excusa perfecta, además, intenté hacer lo mismo en la ciudad de la catedral. Sin embargo, he de decir que mi improductividad se puso de manifiesto, y las fotos son escasas, por eso. Veamos. 

Entorno al paisaje

Color oscuro

Empezando por el río, el día estaba nublado. Me gustan los colores profundos, oscuros. Y la vegetación, pese a ser otoño, era más que exuberante. 

Por el río

Poco más adelante, se ve la zona en la anterior foto, 

Prohibido

Hice fotos del paisaje. Aunque el entorno siempre forma parte simbiótica con los protagonistas de las fotos, en esta ocasión me fijé más en las cosas, sobre las personas. Alrededor del río. Al fin y al cabo, el paisaje urbano es especialmente reseñable para mi. 

No voy a eternizar esto, que lleva mucho editarlo. Voy a ir parte a parte, y esta es la primera. Voy a intentar que en las grandes series de fotos ganen protagonismo cada una de ellas, sean o no brillantes. 

Atardeceres

Voy a hacer trampa. En mi idea de dar salida a las doscientas y pico fotos que tengo pendientes de publicar, voy a ir seleccionando, reduciendo la lista, y empezando por lo sencillo. 

Y lo sencillo, lo que todos empezamos a hacer cuando tenemos la cámara nueva, es ir a hacer la foto a un atardecer. A un amanecer es más complicado, es difícil madrugar. Sin mucho más, comentemos. 

Mirad el mar. 

Ese día me fui a Loredo, o por ahí. Realmente no sé como se llama la playa. Está Santander al fondo, que evidentemente no se ve. Pura bruma, la tierra dicen que es plana. 

A mi derecha había una pareja viendo lo mismo que yo. Tengo su foto, para otro día. A la izquierda, unos jubilados. Y unos recién casados de postboda. Pobre vestido, acabó en el agua. Sacrifican mucho por un día así. Ponen tanta ilusión en ello que invariablemente les satisface. Sublima de tal forma que queda grabado a fuego en su memoria, incluso mejor que como fue realmente. Pero da igual, porque cumple su función de punto de inflexión vital. De símbolo de futuro y de unión. Las tradiciones no dejan de ser necesarias, en cierto modo. 

El mar, necesario, refleja el sol. Ni una nube. Es verano, y es muy tarde, sobre las diez. Un clásico imperecedero. 

El Sol

Esta imagen fue buscada. Desde el pico del dobra, sólo hay dos fechas al año, que además coinciden con los equinoccios, en los que el sol se pone exactamente sobre ese pico. En verano, es sol cae al mar. En invierno, sobre los picos de Europa. Es la Pica Peñamellera, 765m de altitud, entre el pueblo de Bores, y el de Mier. A 52,6km en línea recta desde el Dobra. 

Intento subir los equinoccios que hace bueno en busca de un atardecer así. El año pasado lo conseguí. Había muchas nubes, pero tuve la suerte de que se abriese en el momento exacto de la puesta. Así el sol se abre paso entre el resto de montañas altaneras, para mostrar justo la silueta, de la Pica Peñamellera. 

Nubes

Esta es diferente. Como digo, son sólo eso, nubes. Me recuerdan a Turner. Por eso la muestro. Porque tiene cierto aire de magnificencia natural, básico, sencillo, y épico a la vez. Manchas que dejan escapar algún color del interior de la espiral. 

Y nada más. 

Colores

Porque sí, porque los hay en todos lados. Colores.

Ejemplo número uno. Subir al monte en horas tardías, y mirar ahí, en lontananza, entre los árboles lejanos perderse al sol y dejar su estampa

Ejemplo número dos. Ir por la ciudad y encontrarse con el arrabal. Vuelta a los colores primarios artificiales.

Ejemplo número tres. Los colores también están en las pozas. Los difuminan y emborronan, los dejan sin formas. Pero los colores no pierden fuerza.

Ejemplo número cuatro. De vuelta a la ciudad entre las líneas rectas y los azules de las sombras, los amarillos gritan.

Ejemplo número cinco. Pasa otro día y se vuelve a hacer tarde. Así que el cielo vuelve a sangrar, y mi mirada anónima no es la única que lo ve. El ejemplo final, por cierto.

Estercolero

Oremos a la nada
después de perder nuestros dioses
y cambiarlos por pastiches,
cajas hechas de colores,
llenos de polvo de estrellas
que se fundieron en el fondo,
del cubo de la inmundicia,
del egocentrismo más puro.

Cambiando nuestros ejemplos
de santos y mitos, dioses homéricos,
hipsters en cruces, calvas panzas brillantes,
por el vacío de la duda,
queda un agujero, un pozo negro.

Vacío
Se oye hasta el eco.

Y lo usamos de estercolero.

Tiramos las banderas de la patria,
donde antes estuvo Sísifo.
Arrojamos al fondo, arrodillados,
los iphones, los bmw, el reiki,
autoayuda, tarot y chamanes,
sin sentido, sin cabeza.
Brad Pitt y Angelina,
Ronaldo, Nadal y Batman,
todos ahí arrojados.
Cómo se acumula la mierda.

Limpia el pozo, se está pudriendo,
ya ni coger agua podemos,
veneno sale de ese agujero.

Un día.

Me cuesta centrarme, así que voy a contaros cosas.
Bueno, pocas cosas, porque son sólo fotos.

Pero podéis imaginaros una historia brutal, con persecuciones, sangre, muerte y sexo. Esas cosas tan geniales que nos ofrecen las series y la Iliada.

Pues en esas lides andaba yo, que me fui al pantano del Ebro, y me dije: vamos a hacer algún paisaje, que hace tiempo. He hice un clásico.

Luego me dije: Igual puedo hacer algo que no suelo hacer, foto de deporte. Y me subí a la única estación de esquí. Yo no soy nada dado a esas lides, que mira que me parecen arriesgadas. No para los demás, sino para mí. Yo ahí seguro que me rompo la crisma, que soy dado a esas cosas.

Andaba con el 85 fijo, y la 6d enfoca como el culo, así que me puse a enfocar a mano. Pero intenté hacer algo diferente, que no sé si salió.

Fotos de deporte extremo, para que veáis.

Y entonces bajé para abajo, me paré un momento, la vi subir a toda ostia. Cruzó frente a mi y unos cuantos, y siguió a toda ostia hacia arriba.

Bilbao – Quinto – Bonus arquitectónico

Como última parte, fotos sin gente, esas de puro turismo, de cosas que están ahí paradas.

A las nubes

Desde Langreo, y en un día tan largo, que casi fue dos, lanzaron al viento, por la Mujer, lámparas de fuego.

El campanario

Digamos que todo el mundo ha fotografiado esta torre.

El otro día conversando, si mi memoria no me falla, aunque es bastante probable que lo haga, salió el tema de dónde está el verdadero mérito. El clásico debate de la cámara o el fotógrafo.

Me gusta hacer fotos. Las hago muchas veces por hacer, por pasar el rato. Evidentemente me gustaría dedicarme a ello a tiempo completo, pero bueno, eso el tiempo dirá.

Sin embargo, a veces me encuentro ante una determinada estampa, que quizá como este ejemplo no sea gran cosa (no deja de ser un ejemplo), y me planteo qué le puedo sacar a esa imagen. Cómo la puedo interpretar, de qué forma. Qué quiero que exprese.

Así que uso la cámara, como una herramienta. Y el lightroom y el pc. Cuanto mejor sea, más opciones me dará. Así que mejor. Pero lo que hago con ella, la interpretación que le doy, eso parte de mi mismo. Y me lo planteo de la misma manera que si fuera a pintar un cuadro. Con el añadido, de que el tema es real.

Pero bueno, se puede falsear, hacer que parezca lo contrario.

Tres interpretaciones de lo mismo, aquí. Ejemplos. Y de motivo, esta torre de la iglesia, tan fotografiada, de tantas maneras diferentes, por tantos fotógrafos.

Barcos

Hace no demasiado tiempo, las nubes decidieron bajar a la tierra.

Yo trabajaba bastante, pero un día, no quise hacerlo.

Un día que respiré.

Vi barquitos.

Nuevos Dioses

Con el peso de un mundo propio
aplastando sus hombros contra el suelo,
con la prisa infame,
de estos días, irremediable,
anda el hombre hacia su casa
en un día soleado.

Cuanta más luz hay, más sombras aparecen.
y resalta a quienes entre ellas se mueven,
esquivando los focos,
huyendo del frío de los lugares,
que mira nadie.

 

El camino es largo.
Mira a la gente al pasar,
de soslayo,
no lo vayan a captar,
en sus sectas maniqueas,
de blancos y negros sin grises.

No, el no quiere eso,
y ve lo absurdo.
Lo absurdo es esto.

Escaparates, de una sociedad, que ha visto tanto, que ha hecho tanto, que ya no se sabe reinventar.
Y antes de eso, implosiona,
en su propia decadencia,
haciendo de lo absurdo, de la diferencia,
la más común de las normas.

La medida de las cosas,
tras un cristal, tan sólo,
para vender el humo,
del endiosiamiento de lo fútil,
de la moda.

 

Se cansa de todo,
y se larga.
No quiere pensar,
en madrugar mañana,
en trabajar,
ni en levantar España.

No quiere nada.
Sólo vivir, y dejarse llevar,
por el descontrol, de la multitud, alienada.
Acólitos de drogas, música y luz,
adoración a los nuevos dioses,
en la plena noche.

Mira, un Dios.

Recuerdo

O más bien, quiero hacer recordar, que en los tiempos de sol y mar, no hace mucho, llovía.

En la cruz

Andando cabizbajos, repensando, a oscuras entre enormes muros y pilares, los cristianos, subyugados de tanta magnificiencia, elevan la mirada, y ven la cara de su cristo crucificado. Sólo su cara, con luz. Sufre, en paz.

Viernes, trece

Me acuerdo de pasear de día por un parque, y ver a lo lejos unos viejos discutiendo.

Uno sentado, otro de pie.

Tras un contenedor.

Hoy es viernes trece, día a priori complicado.

Como discutir en un parque, gritando.

Paraguas

Aquel día, me levanté tarde, con la cabeza gritándome al oído. Subí a un punto alto de la ciudad, y vi a la gente pequeña abajo. Entonces, decidí conducir lejos, bastante lejos. Llegué mucho después, aparqué, me dirigí a una extraña casa, en un pintoresco barrio. Me duché, me aseé.

Era tarde ya, pero eché a andar. Llevé un paraguas, las nubes, amenazaban. Atravesé un par de parques. Saqué una foto, a través de una parada. Supongo que camino a su casa, después de trabajar. Igual es mucho suponer.

Seguí andando, entre multitudes. Cada vez más dinero, más gente, más soledad, más cámaras, más bares, más narcotraficantes, y policías parados en cada esquina. Aún amenazaba lluvia, pero como amenaza quien va de farol. Mal jugador de póker. Creía estar llegando a un sitio importante, uno de esos lugares claves. Llegué a una plaza, con mar al fondo. Creo que acerté.

Todo estaba en obras. A medio hacer. Pero no era nuevo, sólo se caía y lo recolocaban. Decidí ir a la izquierda tras rechazar tentaciones en lugares ajenos. Y tocar el mar, aunque sea el mismo de siempre. Los mares siempre se parecen. El adoquín no me abandonaba, y al llegar a una pared, con un agujero, me asomé. Aún sin entender que sentido tiene la reja, cuando a ambos lados, tan sólo hay plaza.

Más allá, un parque. Por un lado, jóvenes dando saltos, alardeando, con palos, moviéndose, capoeria o algo así. Por otro, la antítesis de la salud hecha persona, mirándoles. Al fondo, gente mirando lo que yo ya había visto en los agujeros. Me resguardé tras una columna, di varios pasos atrás, y los dividí en dos. Al fin y al cabo, son diferentes. Y yo sólo pasaba por allí.

Seguí andando. Mi tobillo dolía ya, y poco a poco oscurecía, aunque aún no del todo. Avancé por barrios complicados, oscuros. Tristes, esto no lo prometen los folletos de turismo. Al fin y al cabo, así es el país, la gente, las ciudades. Hasta que no se ven esos lugares, no se conocen de verdad. Yo escogí verlo, y lo encontré. Hay que buscarle la cara oculta, detrás de la rica fachada. Calles sin gente en la calle.

Y yendo por zonas así, anocheciendo sin color, me encontré un edificio enorme. Gris claro, no sucio. Cerrado. Sin nadie, ni un alma. Llegué por la que era la parte de atrás. Le di la vuelta, hasta llegar a unas escaleras. Alguien venía de frente, me sonrió. No había absolutamente nadie más en aquella plaza, en ningún lugar a mi vista, ni en las casas y los coches. Nadie más. Bajé un poco más, ella subió las escaleras. Hice dos fotos, esta es una. Me vio hacerlas, volvió a sonreír, y se fue. Y me quedé totalmente solo. Al fin, miré el edificio. Era grandioso. Pero frío. Un panteón.

Me di la vuelta, vi un callejón. De nuevo a la realidad, se vende.

Se hizo de noche.

Se hizo de noche, y todo cambió. Empezó a gotear el cielo, sin llegar a llover, sólo a mojar. El paraguas, aún dudaba si iba a ser usado o no. Pero se volvía todo más bello por momentos. Las luces, los reflejos, las calles. Me decidí a subir, y subí, mucho. Pero en una, miré abajo. La gente es más vaga que yo, pensé. Pobre gente…

Entré en una zona extraña mientras subía. Ya me adelanté en los colores de la noche.Pero no sólo colores, también ruina. Un hombre sacando a su perro. La noche aún con un toque de luz en el cielo. El adoquín roto. Un árbol retorcido. De camino al castillo. Yo atravesando aquello, y realmente, disfrutándolo. Me gusta la oscuridad, en la noche. Sin gente, entre casas. Es parecido a estar en la montaña, una noche estrellada, con el viento y la lluvia contra tu cara. Pero con la ironía, de estar rodeado de humanidad sin gente.

Llegué al castillo. Llamé, pero nadie me contestó desde las almenas, y no pude entrar. Porque aún no sé volar. Aunque sea cuestión de tiempo… Entonces, lloviendo más, entré por una puerta. Me senté en un sofá, y deslicé el pilot por el papel de mi cuaderno. Sonaba esto de fondo.

En los mesas, había velas y cachimbas, y algún hipster de esos. Por suerte, sólo uno. Para prueba un botón.

Dos horas después, salí de allí.

Ya los párpados no aguantaban más. La lluvia alegró a mi paraguas, que al fin se sintió útil. Ahora bajaba, por calles como las anteriores. Sin gente, prácticamente. Y ya sin esperarme encontrar más, aparqué a un lado mi paraguas porque vi otro sobre mí. Una pareja contaba las gotas que caían del cielo bajo la luz de una farola. Seguro, que porque no querían moverse de allí. Del uno o del otro. Les miré un rato, antes de irme.

 

Y me fui, a dormir, pensando en un día más. Dormí bien al fin.

Pensando en alzarse

Ante todo.

Ante todo se alzaron,
contra el más grande de su tiempo,
por la honra, sus familias,
y su orgullo.

Porque orgulloso es el pueblo que se levanta, solamente, para administrar su propia miseria.

Pero se alza desde el suelo.

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