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Gianfranco Guredi

Versión 5.0

Trinca

Te debo una, dos o tres.
O cuatro, o diez o cien
y cuanto más pasa más te debo,
porque ya no estás, para perdonarme
que el tiempo pase, sin el homenaje,
que te debo, Trinca.

Te echo de menos.
Mucho de menos, pequeña.

Ojos cerrados. O al revés
Ojos abiertos. O al revés
Mira qué efigie
Otra pose

Mira tu mirada de me la sopla. 

Pensé en poner fotos de tu vida, desde pequeña. Tengo un vídeo del día en que llegaste en el que te peleabas con un objeto inanimado típico llamado alfombra. Y contra todo pronóstico casi ganas. 

O más adelante, corriendo como loca cuando aún eras delgada, antes de robarle la comida a los otros animales, por el Dobra, como tantas veces subimos. De caballo en caballo. Como una salvaje. Como si les fueras a cazar. He echado números. Un caballo medio pesaba en torno a cincuenta veces más que tú. Optimismo. 

Tengo un par de gatos blancos ahora. Tener es un eufemismo de que no me hacen ni puto caso. En teoría van a cazar bichos como tú. Aunque tú tampoco cazabas gran cosa. Preferías robar la comida al pobre Wilki, o a quien se pusiese de por medio. O a poner cara de pena a través de la ventana de la cocina, con la esperanza, de que algo cayese. Y siempre caía. Te aprovechabas de mi. Arpía manipuladora. 

Pues eso, pensaba en las fotos de juventud, pero al final, si pensamos en el tiempo que vivimos, tú fuiste mucho más tiempo mayor (y vaga, y loca, y hambrienta, y dormilona, y feliz), que joven. Donde eras igual pero sin cabeza. 

Te echo mucho de menos pequeña. Sé qué no volverás. Por eso te echaré más de menos. Pero me estoy acostumbrando a hacerlo, y al hacerlo sonrío. 

Una de caballos

No todo son paisajes, no todo es gente.

Animales no muy sabios, salvo Trinca. Pero ella es casi tan grande como ellos.

Felinos y gallinas

No, no voy a hablar de Nietzsche, y confrontar el hombre contra el superhombre.

Pero sí las gallinas ante los valientes.

Galicia 2015 – Animales en Combarro

Al salir de Pontevedra, nos fuimos por ahí, hacia Santiago. Pero dimos un rodeo.

Mirada.

Ellos no lo saben. Son felices, pero tienen la mirada triste.

Animalico pequeño.

Las mariposas son unos de los bichos más bonitos y fascinantes que hay. Siempre tan frágiles, con esas enormes alas a su escala, moviéndose por el aire saltarinas y alegres.

Cuando las ves de cerca, y ellas son grandes, a escala humana, parecen antinaturales.

Para muestra.

Cachorros Tercera Entrega

Bueno, los cachorros por ahí corretean y crecen, y no puedo evitarlo. Alguna más.

Cachorros Segunda Entrega

No son muy de mi estilo, porque son posados y las fotos eran para otra cosa. También sé que no son tan monos como en la anterior entrega.

Sin embargo, son los mismos perritos, que van creciendo.

Cachorros

Bueno, soy un poco cabrón, así que hoy os traigo cuatro fotos, en blanco y negro demagógico, para que digáis oiiiiii muy fuerte

Trinka

Trinkaaaaaa!

Blaqui

En su momento, cuando murió Asi, le hice un pequeño homenaje. Ahora toca a Blaqui, porque esta mañana, se ha muerto.

Blaqui nació un 17 de enero de 1999, hace ya quince años. Era la segunda camada de Trinka, junto a un perro desconocido. Es medio hermano, por tanto, de Asi. Nos le quedamos en Maliaño, en el piso donde estábamos. Recuerdo que mi hermano insistió mucho, para luego no querer sacarle nunca. Así que básicamente me tocó. Que proteste y lo niegue, pero así es.

De joven tuvo problemas en la piel, le dieron un año cortisona, y mi madre siempre le daba demasiado de comer. Por eso siempre estuvo taaaan gordo. Pesaba más del doble que su hermana, llegando a veces a catorce quilos. También pensábamos que estando taaaan gordo, moriría antes. Cuando digo antes, digo a los ocho o diez años. Pero contra todo pronóstico duró hasta casi ahora. Era un superviviente nato, ante todos los achaques de la edad en sus últimos tiempos.

Era francamente inteligente. Es uno de los perros más listos que he tenido nunca. Sabía como pedir, como actuar, cuando llorar para conseguir algo. Escondía la comida y venía a por más, y luego se comía todo. Le llamaba cilíndrico (porque lo era), y a veces le empujaba con el pie y daba una vuelta por el suelo, hasta que se hartó de mi y dejó de prestarse a ello. Dormía mucho, siempre de formas bastante inverosímiles.

Os dejo unas fotos de él. Un poco las que mejor se le ve. Una pena. Pero una gran vidorra.

Cuando estuve malo en casa, cuando pasaba todo aquel tiempo, Blaqui estaba ahí. Cuando quería salir de casa, sobretodo en los primeros tiempos, él me acompañaba. Siempre me reí de él, pero siempre le he tenido mucho cariño. Según ha pasado un día más, y lo he pensado mejor, más le echo de menos.

Gato

Tengo un gato, cuyo nombre es Gato.

En realidad es como de nadie. Su historia no es muy compleja. Mi padre fue a arrancar la furgoneta, y oyó un gato maullando. Salió fuera, abrió el motor, metió la mano, y le cogió. Gato mordía y arañaba, así que mi padre le llevó a la parte de atrás del taller. Mientras mi padre se limpiaba la sangre, gato se atrincheró entre los tablones de roble.

Hasta ahora, o casi. Al principio le costó salir del sitio. Si había alguien cerca ni se movía. Ni tratando de sobornarle con comida. Poco tiempo después me di cuenta de que tenía la cola rota. Nunca confía en nadie. Le dejábamos comida, y desaparecía. Lentamente, salía de los tablones, y le veías pasar. A veces le pillabas fuera, te miraba, y echaba a correr escondiéndose de nuevo.

Tiempo después mi padre puso a un cachorro en la parte de atrás del taller. Un mastín pequeño. Pasiega se llama. Les descubrí un día durmiendo juntos, aunque en cuanto me vio, echó a correr. Poco a poco, cogía algo de valentía. Mi padre le abrió la puerta y salió a la calle. Curiosamente, los mastines le ignoraban. Por ello, le hicimos un agujero en la puerta. Sale y entra cuando quiere, y se deja ver, pero aún no hemos podido cogerle.

Le vi el otro día tumbado sobre Niza, la mastina. Con sobre me refiero a encima de. Y sigue vivo.

Y como no le hemos cogido, aún no sabemos si es Gato, o si resulta ser Gata.