Por mucho que digan, hay pocas cosas más bonitas que trabajar con tus propias manos. Crear de cero, donde ves la propia evolución de tu trabajo, desde el principio hasta el final, de un modo tangible.

Sin embargo, cada vez es más difícil. Aparte de que no deja de ser un trabajo duro para la salud, es un trabajo que está muriendo. Entiendo lo que ocurre y por qué ocurre, pero no deja de darme pena. La industrialización, los sueldos bajos, el menor poder adquisitivo, el gobierno con los impuestos… todas estas cosas, crean un caldo de cultivo en el que ya no se valora un mueble bien hecho, a mano, con cuidado, con buenos acabados, y trato personal. Y sobre todo, ya no se paga.

Así, los ebanistas dejan su trabajo, hacen cosas sencillas, prefabricadas, baratas. No se vende lo bueno. Ya no quedan.

Aparte de la propia crisis con los impagos y la escasez de clientes, cosas como la dinámica de los tiempos, la melamina y productos similares, y la política de los propios almacenes que hacen la competencia a sus clientes, y los Ikea de turno, la profesión muere. En Cantabria, han cerrado por lo menos dos tercios de las carpinterías. Y el resto sobrevive, porque con cincuenta años, ya no te reciclas. Haces chapuzas pequeñas.

Del gobierno y los autónomos no hablo. Ya bastante se sabe.

Al final, quedan unos cuantos que conocen su profesión, capaces de hacer cualquier cosa aunque la carrera no exista, cuidadosos, perfeccionistas, capaces, que hacen grandes trabajos. Unos pocos.

Pero muy pocos.

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