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Gianfranco Guredi

Versión 5.0

Venus y media Luna

Anduve buscando alguna foto con banderas y cosas así. Pero curiosamente, en los dos últimos años no he tenido ninguna. No soy muy de banderas. 

La foto no es gran cosa. Tiene mucho ruido y está sacada demasiado oscura, la tuve que aclarar, y le quité el color porque no se mostraba nada bien. 

Me gusta la gente, me gusta sentada y de pié. Hablando unos con otros. Con el móvil en las manos, o señalando a unos y otros. con cervezas, bebiendo. De noche. Muy tarde, antes de un concierto. Aunque ahí ya es cuestión de imaginar, son cosas que no salen en ella. 

Gente

Por cierto, sin nubes, había estrellas. No muchas, al fin y al cabo hay una seta de polución lumínica sobre Santander. Hay dos luces principales. Media Luna y Venus.

Y con eso nada más. 

Pensaba hablar del sinsentido social que veo últimamente, pero siento que esa es una reflexión demasiado larga ahora que ando prácticamente de vacaciones. Como avance, recordad, odiar es malo. Y ruin. 

Monte Dobra. Paisajes.

Mientras los árboles no dejen ver el bosque, al subir sobre ellos se llega a ver todo. Así desde el pico, y mirando alrededor, se ven cosas de todos los colores. Y tiempos. 

Primavera, Los Corrales. 

Frente al Dobra, perteneciendo al mismo macizo, está ese otro pico, que no tiene nombre (al menos que yo sepa). Aunque la zona tiene el nombre de Sierra de los Hombres. Al fondo, se ve los Corrales de Buelna. Y la cantera que está a la derecha, de Solvay, la he obviado aposta. No es bonita. Dejémoslo ahí. 

Pateando esa zona, normalmente en invierno, cuando los escajos disminuyen de volumen, me encontré una vez un lobo. Azucé a Trinca contra él, pero huyó cobardemente ante tal amenaza. 

Oeste
Oeste, pero al atardecer. 

Hacia la puesta de sol se ven los picos y se intuye el mar. Eso que se ve es Ibio, ahí en primer plano. Y en la parte lejana, se ven los picos, en su parte costera. Ahí atrás ya puse un atardecer en esa zona.

Ibio
Ibio, pero más cerca. 

Aquí el monte Ibio con los picos de fondo, pero en pleno invierno. La nieve no es blanca, sino gris, como las nubes. O como todo, blanco y negro no existe. 

Y una misma cosa, tiene distintas facetas. 

Mirando al otro lado, hacia el lugar donde sale el sol, en otro momento, se ve esto. 

Castro Valnera y alrededores

De nuevo con nieve, son los picos de la zona de los valles pasiegos. El monte de la derecha de la foto, el más alto, es Castro Valnera. Una vez lo subí, quizá suba alguna foto. 

El sol sale por ahí, pero me cuesta madrugar. 

Volvamos a los puros atardeceres. 

Sobre los picos. 

Trampa, ¿no? La siguiente también, pero da igual. El sol sobre las nubes, sobre los picos, en pleno invierno. Porque en verano, el sol cae sobre el mar. Es caprichoso. 

Rojo

A tus atardeceres rojos, 
se acostumbraron mis ojos,
como el recodo al camino
.

No entiendo muy bien como desde la costa de levante veía los atardeceres Serrat, con el sol cayendo sobre las montañas. Aquí, aplica. Esta es de hace poco. No hay muchas oportunidades al año, tres o cuatro, a lo sumo. Nubes altas, horizonte limpio, diez minutos después de la puesta de sol, este alumbra la parte baja de las nubes, y yo la veo. Teoría del Solsobre el horizonte. Aplica a amaneceres, también. 

Dobra

Y la silueta del pico al que he hecho mil fotos ya, muchas repetidas, y muchas que vendrán. 

Monte Dobra. De nuevo.

Me repito, lo sé. Pero repito sitios y repito fotos. Una y otra vez las mismas fotos en los mismos sitios. Ligeras variantes, no lo niego, pero cuando llevas años subiendo por los mismos sitios, es inevitable. E intentas fijarte en otras cosas. 

Hojas

Subiendo desde las Presillas, a finales de invierno, tímidamente salen las primeras hojas, que brillan al trasluz con su toque amarillento frente al azul. 

La margarita

Sí, es trampa. Bajar al suelo y buscar un rayito pequeño de luz que coincida para hacer algo mono. Es trampa, lo sé. Algún día subiré fotos de gatitos, también. 

Un rayo

Una flecha que marca bastante mal la dirección. Por ahí no se iba a ningún sitio. Doy fe. 

Vacas

Vacas. Burros. Cabras. Caballos. 

Más vacas

Y más vacas. No he visto ovejas. Bichos salvajes sí, muchos. Incluso un día subió Tito. 

Curas

Dos curas. Uno con alzacuellos. Arriba del todo casi, debieron subir de las Presillas, donde hay concentración de ellos. Parecían buen gente. 

Arriba

Y a la cima. 

Tengo muchas más fotos. Fotos reseñables quizá, o no. Pero como dije, muchas veces repetidas. 

La siguiente tanda irá sobre paisajes desde el Dobra, o la Capía, en los que no sale el propio Dobra, como aquí en estas fotos. Me parece interesante ir a los sitios y no hacer fotos de los sitios. Ahí está google para esas cosas. 

Burgos. Última.

Una última visión. Como dije en la primera, y continué con la segunda, no hice muchas fotos en Burgos. Ni este año en general. Por eso la serie acaba pronto, con previsión a futuro de continuarla. 

Extraña mirada inerte. 

Detrás del cristal, la mirada acusadora del maniquí, juzgando a la gente que pasa desde su posición de superioridad que le da el ser un reflejo social de la perfección. 

De la mano. 

Ven que te llevo por el mundo. Ven, que te llevo. Escoge destino, que yo te enseño el camino. 

Niña. 

En la tienda de juguetes, la viva imagen de la niñez. 

Burgos. Segunda parte

Voy a empezar y acabar con la misma foto, casi. Dos versiones de la misma. Y lo hago porque sin gustarme demasiado, tampoco sé decidirme. Considero ambas buenas, sin mucho más. 

La primera versión. 

Un viejo va con su perro, un hombre viene. El hombre lleva a un perro, amarrado, al que ignora. El otro va a sus cosas, mirando un no se sabe qué. Aquí hay contraposición entre ambas figuras. Luego contaré cosas en la otra. 

Trabajador.

Así como a veces hay que forzar la imagen para resaltar algo extraordinario, otras hay que dejar lo ordinario tal y como está para que resalte sobre lo demás. 

Sombras.

Siempre hay sombras a contraluz. Con el suelo mojado. Dos personas juntas paseando. 

Catedral.

Frente a la catedral, charlando sin más, mejor que se intuya de fondo, que quienes importan andan al frente. 

Más catedral.

Igual que aquí. 

Y más. 

Y aquí. En las tres, se le da la espalda. A la catedral. Es mobiliario urbano. Es algo que está ahí, perfectamente ignorable desde el 
20 de julio de 1221, cuando se puso la primera piedra. No para todo el mundo, claro está. Peregrinos, políticos, aristócratas, viajeros y amantes de las gárgolas y las vidrieras se fijan en ella. La gente de allí no. Es parte del paisaje. Y como tal, ignorable. 

Café latino

Estatua a la gente de allí, que ignora el paisaje, estando a sus cosas y pasando el rato. Que curiosamente, acaban formando parte de él. Ni una mirada del fumador. 

La Foto

Alguna turista pequeña sí mira. 

Hombre y perro

Volviendo al principio. El viejo va con su perro, pero son uno. En color, porque ha de resaltar su negro. Yéndose de la foto. Sin levantar la cabeza, como en la otra foto.  Levantarla, para qué. Si no hay paisaje que mirar, cuando no se necesita mirar. 

Un transeúnte sin más. 

Burgos. Primera parte.

Dediquémosle un capítulo especial a Burgos. Hace bastante tiempo que hice estas fotos, casi dos años. Mucho tiempo. Pensando en seguir la serie de gentes con otra ciudad más, y con una excusa perfecta, además, intenté hacer lo mismo en la ciudad de la catedral. Sin embargo, he de decir que mi improductividad se puso de manifiesto, y las fotos son escasas, por eso. Veamos. 

Entorno al paisaje

Color oscuro

Empezando por el río, el día estaba nublado. Me gustan los colores profundos, oscuros. Y la vegetación, pese a ser otoño, era más que exuberante. 

Por el río

Poco más adelante, se ve la zona en la anterior foto, 

Prohibido

Hice fotos del paisaje. Aunque el entorno siempre forma parte simbiótica con los protagonistas de las fotos, en esta ocasión me fijé más en las cosas, sobre las personas. Alrededor del río. Al fin y al cabo, el paisaje urbano es especialmente reseñable para mi. 

No voy a eternizar esto, que lleva mucho editarlo. Voy a ir parte a parte, y esta es la primera. Voy a intentar que en las grandes series de fotos ganen protagonismo cada una de ellas, sean o no brillantes. 

Atardeceres

Voy a hacer trampa. En mi idea de dar salida a las doscientas y pico fotos que tengo pendientes de publicar, voy a ir seleccionando, reduciendo la lista, y empezando por lo sencillo. 

Y lo sencillo, lo que todos empezamos a hacer cuando tenemos la cámara nueva, es ir a hacer la foto a un atardecer. A un amanecer es más complicado, es difícil madrugar. Sin mucho más, comentemos. 

Mirad el mar. 

Ese día me fui a Loredo, o por ahí. Realmente no sé como se llama la playa. Está Santander al fondo, que evidentemente no se ve. Pura bruma, la tierra dicen que es plana. 

A mi derecha había una pareja viendo lo mismo que yo. Tengo su foto, para otro día. A la izquierda, unos jubilados. Y unos recién casados de postboda. Pobre vestido, acabó en el agua. Sacrifican mucho por un día así. Ponen tanta ilusión en ello que invariablemente les satisface. Sublima de tal forma que queda grabado a fuego en su memoria, incluso mejor que como fue realmente. Pero da igual, porque cumple su función de punto de inflexión vital. De símbolo de futuro y de unión. Las tradiciones no dejan de ser necesarias, en cierto modo. 

El mar, necesario, refleja el sol. Ni una nube. Es verano, y es muy tarde, sobre las diez. Un clásico imperecedero. 

El Sol

Esta imagen fue buscada. Desde el pico del dobra, sólo hay dos fechas al año, que además coinciden con los equinoccios, en los que el sol se pone exactamente sobre ese pico. En verano, es sol cae al mar. En invierno, sobre los picos de Europa. Es la Pica Peñamellera, 765m de altitud, entre el pueblo de Bores, y el de Mier. A 52,6km en línea recta desde el Dobra. 

Intento subir los equinoccios que hace bueno en busca de un atardecer así. El año pasado lo conseguí. Había muchas nubes, pero tuve la suerte de que se abriese en el momento exacto de la puesta. Así el sol se abre paso entre el resto de montañas altaneras, para mostrar justo la silueta, de la Pica Peñamellera. 

Nubes

Esta es diferente. Como digo, son sólo eso, nubes. Me recuerdan a Turner. Por eso la muestro. Porque tiene cierto aire de magnificencia natural, básico, sencillo, y épico a la vez. Manchas que dejan escapar algún color del interior de la espiral. 

Y nada más. 

Trinca

Te debo una, dos o tres.
O cuatro, o diez o cien
y cuanto más pasa más te debo,
porque ya no estás, para perdonarme
que el tiempo pase, sin el homenaje,
que te debo, Trinca.

Te echo de menos.
Mucho de menos, pequeña.

Ojos cerrados. O al revés
Ojos abiertos. O al revés
Mira qué efigie
Otra pose

Mira tu mirada de me la sopla. 

Pensé en poner fotos de tu vida, desde pequeña. Tengo un vídeo del día en que llegaste en el que te peleabas con un objeto inanimado típico llamado alfombra. Y contra todo pronóstico casi ganas. 

O más adelante, corriendo como loca cuando aún eras delgada, antes de robarle la comida a los otros animales, por el Dobra, como tantas veces subimos. De caballo en caballo. Como una salvaje. Como si les fueras a cazar. He echado números. Un caballo medio pesaba en torno a cincuenta veces más que tú. Optimismo. 

Tengo un par de gatos blancos ahora. Tener es un eufemismo de que no me hacen ni puto caso. En teoría van a cazar bichos como tú. Aunque tú tampoco cazabas gran cosa. Preferías robar la comida al pobre Wilki, o a quien se pusiese de por medio. O a poner cara de pena a través de la ventana de la cocina, con la esperanza, de que algo cayese. Y siempre caía. Te aprovechabas de mi. Arpía manipuladora. 

Pues eso, pensaba en las fotos de juventud, pero al final, si pensamos en el tiempo que vivimos, tú fuiste mucho más tiempo mayor (y vaga, y loca, y hambrienta, y dormilona, y feliz), que joven. Donde eras igual pero sin cabeza. 

Te echo mucho de menos pequeña. Sé qué no volverás. Por eso te echaré más de menos. Pero me estoy acostumbrando a hacerlo, y al hacerlo sonrío. 

Manifiesto

Recuerdo hace tiempo, cuando era adolescente raro, leí la Iliada. Los héroes homéricos me fascinaban. Para una persona joven que se cree inmortal, que ve la muerte tan lejos, ver personas que ante el dilema de los héroes, escogían la muerte, era incomprensible y revelador.

Aquiles tenía dos opciones, una vida larga y tranquila, o una vida corta con gloria. Eligió la vida corta, porque le haría inmortal.

Hoy en día este dilema ya no tiene sentido. Han cambiado las cosas demasiado. Somos una cantidad ingente de personas, y salvo que uno sea rockero, por un lado es casi imposible destacar, y por otro, no hay por qué morir joven. Los principios y esas mierdas que cambian con los años. Aunque la fascinación aún permanece por el genio muerto en plenitud.

Con los años en mi mente el dilema ha variado, y ahora se presenta de otra manera. Por un lado, está vivir pensando en el futuro, en la prudencia, no arriesgar. Hacer una familia, asentarme, buscar estabilidad. Por otro, vivir en presente, quitar horas al sueño, forzar a la vida a que te dé fruto ya, y así, impactar con más fuerza en ella.

Y dicho esto, manifiesto:

Manifiesto mi adhesión a la absurdidad de los tiempos. A la conciencia de la muerte como recuerdo del tiempo finito. A la carrera de vivir como si quedasen dos meses aunque queden años. A abrir los ojos, y mirar la vida. Admirar la vida y la belleza. En cada sórdida esquina, ser consciente de su unicidad y extraordianariedad. De escudriñar los ojos de la gente. De llorar de alegría y tristeza. De robar minutos al cuerpo para dárselos a la vida. De dejarme llevar por el absurdo y el sinsentido. De sonreír tontamente. Y de rabiar, de desatar la violencia pacífica de la indignación. Tratar de ser un demiurgo cuando todo ya está creado, y sentirlo mío aunque sea copia. De sufrir, y que eso me haga recordar que sigo vivo. Y de agarrarme a eso porque, volviendo a la muerte, es lo que tengo, mi vida.

Manifiesto mi adhesión a que si sueño, es sólo porque no deja de ser otra forma de seguir viviendo.

Sueño

Hoy dentro de un sueño, me he preguntado si lo que estaba viviendo era real.

Llegué a la conclusión de que sí.

Colores

Porque sí, porque los hay en todos lados. Colores.

Ejemplo número uno. Subir al monte en horas tardías, y mirar ahí, en lontananza, entre los árboles lejanos perderse al sol y dejar su estampa

Ejemplo número dos. Ir por la ciudad y encontrarse con el arrabal. Vuelta a los colores primarios artificiales.

Ejemplo número tres. Los colores también están en las pozas. Los difuminan y emborronan, los dejan sin formas. Pero los colores no pierden fuerza.

Ejemplo número cuatro. De vuelta a la ciudad entre las líneas rectas y los azules de las sombras, los amarillos gritan.

Ejemplo número cinco. Pasa otro día y se vuelve a hacer tarde. Así que el cielo vuelve a sangrar, y mi mirada anónima no es la única que lo ve. El ejemplo final, por cierto.

Estercolero

Oremos a la nada
después de perder nuestros dioses
y cambiarlos por pastiches,
cajas hechas de colores,
llenos de polvo de estrellas
que se fundieron en el fondo,
del cubo de la inmundicia,
del egocentrismo más puro.

Cambiando nuestros ejemplos
de santos y mitos, dioses homéricos,
hipsters en cruces, calvas panzas brillantes,
por el vacío de la duda,
queda un agujero, un pozo negro.

Vacío
Se oye hasta el eco.

Y lo usamos de estercolero.

Tiramos las banderas de la patria,
donde antes estuvo Sísifo.
Arrojamos al fondo, arrodillados,
los iphones, los bmw, el reiki,
autoayuda, tarot y chamanes,
sin sentido, sin cabeza.
Brad Pitt y Angelina,
Ronaldo, Nadal y Batman,
todos ahí arrojados.
Cómo se acumula la mierda.

Limpia el pozo, se está pudriendo,
ya ni coger agua podemos,
veneno sale de ese agujero.

Todos ciegos

Descreídos de ojos abiertos
no creen en banderas,
no saben lo que es la patria.
Que viven con sus congéneres
sin pensar que comparten nada
más allá del día a día,
la amistad y el buenos días,
ayudar con la sal y la azada,
cuidar de las otras plantas,
hablar un mismo idioma,
o gestos sin palabras,
pero no pensar en naciones,
ni en etnias, ni en zarandajas,
filosóficas y artificiales,
que a los humanos separan.

Enseñad a los ciegos
que alzan porras y placas.

Enseñad a los ciegos
que alzan himnos y banderas.

Frontera absurda que se alza,
entre hermanos que no hablan.

 

No soy de aquí, ni soy de allá
No tengo edad, ni porvenir
Y ser feliz es mi color
De identidad

Un día.

Me cuesta centrarme, así que voy a contaros cosas.
Bueno, pocas cosas, porque son sólo fotos.

Pero podéis imaginaros una historia brutal, con persecuciones, sangre, muerte y sexo. Esas cosas tan geniales que nos ofrecen las series y la Iliada.

Pues en esas lides andaba yo, que me fui al pantano del Ebro, y me dije: vamos a hacer algún paisaje, que hace tiempo. He hice un clásico.

Luego me dije: Igual puedo hacer algo que no suelo hacer, foto de deporte. Y me subí a la única estación de esquí. Yo no soy nada dado a esas lides, que mira que me parecen arriesgadas. No para los demás, sino para mí. Yo ahí seguro que me rompo la crisma, que soy dado a esas cosas.

Andaba con el 85 fijo, y la 6d enfoca como el culo, así que me puse a enfocar a mano. Pero intenté hacer algo diferente, que no sé si salió.

Fotos de deporte extremo, para que veáis.

Y entonces bajé para abajo, me paré un momento, la vi subir a toda ostia. Cruzó frente a mi y unos cuantos, y siguió a toda ostia hacia arriba.

Irse lejos

Coge la moto,
y va a aquel sitio,

latigazo en su memoria
la consciencia de repente,
que su vida es suya,
Y de nadie más.
La primera vez

Joven, y hace dos años,
justos, exactos,
fue arrojado al mundo,
sin red ni ventura,
ni un triste respaldo,
y se fue lejos.

Al gritar, y verse solo,
en un completo desierto
lleno de seres humanos,
sin alma, al desamparo,
agarró su fuerza, escondida,
y adelante, rogó al cielo,
que le dejase volar.

Y cuando atado, queda al suelo,
rabia siente, más y más,
se va lejos, donde siempre,
a gritar, en silencio,
y recordar.

 

Bilbao – Quinto – Bonus arquitectónico

Como última parte, fotos sin gente, esas de puro turismo, de cosas que están ahí paradas.

Bilbao – Cuarto – Por la ciudad, segunda parte.

Y bueno, seguí andando. Y así, eché la tarde por la segunda capital del mundo. Más.

Bilbao – Tercero – Por la ciudad

Dejé el concierto, y me fui de paseo.

Así que seguí haciendo fotos.

Bilbao – Segundo – Desconocidos

Siguiendo con las fotos, estas completan las del otro día. Si bien en el otro post, las fotos eran de la gente del concierto, las de este post, muestran el lado contrario, la gente y los alrededores.

Si alguien se reconoce y no quiere ser visto, como digo siempre, toque y borro.

Sin más.

Bilbao – Primero – Conciertos

Tras un festival en el que no moví la cámara, paré en Bilbao con Bertuco. Marco no fue capaz, es un pedazo de inútil. Desde la falta de cariño.

En un bar, que no recuerdo cual es, en una fiesta del feminismo, hubo un concierto. Dos. Desgraciadamente, no recuerdo sus nombres… como por otro lado, es bastante natural en mi, pero ambos estuvieron genial. Realmente disfruté, y en cierto modo, me reconcilié con la ciudad vecina.

Días posteriores habrá más fotos.

EDITO:
Porque es de rigor, y me ha llegado información (gracias Boli y Diego y a Andion) Diré: Los grupos son Puro Luego y HDH rock taldea, y la fiesta fue en favor de la asociación La Posada de los Abrazos contra la exclusión social, especialmete mujeres, en el barrio de San Francisco, como a bien nos comentan.

Y un saludo a Boli, que en días venideros, tendrá su lugar por aquí.